No se habla con la boca llena

18 ago. 2011
Por Miguel Gallegos Velarde

"Todo lo que brilla no es oro".
Anónimo

Los libros de etiqueta son textos prescriptivos normativos, es decir, textos que establecen o indican normas de cómo debemos actuar o proceder ante una situación específica. A pesar de ello, habría que advertirles o recordarles a los autores de estos manuales (sobre todo a Frieda Holler [1]), que no han redactado libros sagrados (Dios lo libre, lo ampare y lo guarde, si fuere el caso); sino, sugerencias de sentido común de cómo conducirse mejor, explicando, en lo posible, el por qué de ellas. La etiqueta y el protocolo no son (o no deberían ser) reglas sociales misteriosas y abstractas; sino claras y concretas.

Pero, seamos sinceros con la etiqueta. Saber utilizar los cubiertos o proceder de acuerdo a sus reglas no le hace a uno necesariamente mejor persona; sino sólo conocedora de este tema. Quizá lo más importante sea la cortesía (que le da sentido a los buenos modales y a las reglas de etiqueta). Una persona que muestre respeto por los demás (al rico y al pobre, al jefe y al subordinado) probablemente será más valorada. Y para ello, no es requisito conocer la etiqueta.

"A la tierra que fuereis, haz lo que viereis".
Anónimo

Recuerdo que en un restaurante, hace algunos años, a una amiga le hice el siguiente comentario: "según Frieda Holler, llamar al mozo no es lo más adecuado; sino esperarlo a que se acerque". Acertadamente me corrigió con una sonrisa encantadora: "Aquí, no es así". Luego, no cogió ningún cubierto y comió con las manos. Como supuse, mi inoportuno comentario fue posteriormente encarado. Al final tuve que autodenominarme "superchusco" para que me perdonara (adjetivo no muy lejano para autodescribirme hoy en día).

Me dijo que ella también había leído ese libro (2), lo cual, sospechosamente, no le creí, y por eso (con un fin netamente educativo y no otro), le obsequié un ejemplar (pirata al parecer) del citado libro; sin embargo, que no lo haya leído o que lo haya quemado, no me hizo mejor que ella. Siempre ella fue mejor que yo, en todo sentido...


"En la sencillez está la elegancia".
Anónimo

La elegancia no consiste en comprarse necesariamente alguna prenda de una marca reconocida o de mayor valor económico; sino en comprar una prenda sencilla, sin muchos adornos. Elegir la combinación y la prenda que mejor le asiente a uno (algo que yo no he aprendido todavía).

Algunas veces hemos asistido a reuniones en modestas casas sin mayores ornamentos  donde en vez de muebles podría haber sillares; pero con un clima tan cordial que le hace a uno sentirse muy cómodo por la sencillez y estima de los anfitriones. El fino trato y el buen gusto de ellos, hará que las carencias se atenúen de diversas maneras.

"Buenas palabras y buenos modales, todas las puertas abren".
Anónimo

Recuerdo cuando era colegial, algunos profesores nos comentaban las reglas de urbanidad del famoso "Manual de Carreño" (3). Nos decían que debíamos adquirir buenos modales y conocer la etiqueta porque ello nos distinguiría. Y así, nuestras posibilidades de éxito aumentarían... (No se equivocaron).

Las personas educadas comprenderán y perdonarán todas las situaciones adversas de sus invitados o de su anfitrión y no los incomodarán innecesariamente con algún detalle desconocido por ellos. Si es necesario comunicar algo, lo harán con gran disimulo sin que el invitado se sienta ofendido (Esta parte me salió como Carreño).

Para culminar, lector de buen gusto, sabrá perdonar usted las omisiones de este artículo que no ha pretendido ser de etiqueta.

NOTAS:
(1) Frieda Holler Figallo. Miss Perú 1965.
(2) Libros de Frieda Holler: "Ese dedo meñique", "El otro dedo meñique", "Ese dedo meñique en el trabajo". Ver en: http://www.friedaholler.com.pe
(3) Libro: "Manual de urbanidad y buenas costumbres" (1853) de Manuel Antonio Carreño.
* Ilustración: Solange Esquivel Gallegos.