El primer periódico de Arequipa


07 may. 2011

Tomado de la revista "Cobre" (*) (1)

DESPUÉS DE LA BATALLA DE AYACUCHO
El periodismo nació en Arequipa en el más feliz de los momentos del Perú: el triunfo de Quínua. Su propósito fue proclamar los ideales de la nación y hacer país. Quiso celebrar la libertad, saludar a la independencia como un amanecer y propagar el espíritu de Ayacucho, floración de una primavera nacional. El sábado 8 de enero de 1825, cuando todavía no se había cumplido un mes de la batalla ni asumido el mando en la ciudad su primera autoridad política republicana, un pequeño semanario de cuatro páginas salió a las calles. Su nombre lo decía todo: "Primavera de Arequipa o Mañanas de su Independencia" (2).

Era una voz juvenil, emocionada y jubilosa. Traía el mensaje de triunfo de Sucre. Y también la respuesta de la ciudad liberada. En ella podía escucharse, con nobleza y nitidez, la promesa de una vida mejor, por la que tanta sangre se había derramado.

CINCO NÚMEROS
Impreso en el taller de Jacinto Ibáñez, el periódico se vendía a dos reales en una de las covachuelas de la Catedral, en el Nº 5 de la Calle del Colegio de los Jesuitas, hoy llamada San Francisco. Allí debió estar la primera imprenta de la ciudad, construida de la nada -fundiendo sus propios tipos, según se dice- por el relojero, mecanico, tipógrafo y editor Ibáñez, estrechamente vinculado con el grupo intelectual y liberal de Arequipa.

La Primavera llegó a alcanzar cinco números, que aparecieron el sábado 8 de enero, los sábados 5, 12 y 19 de febrero y el domingo 27 de ese mismo mes. La Biblioteca Nacional del Perú los conserva como reliquias preciosas, salvadas del fuego y el agua de 1943.

No murió, desde luego, la Primavera, en tan breve lapso, sino que se remozó, con mayores bríos, a partir del 12 de marzo, cuando tomó el nombre de La Estrella de Ayacucho, salida de la misma imprenta. Días antes, había circulado el prospecto del nuevo periódico.

En él asumió la conducción de la opinión pública una generación brillante, formada en el seminario de San Jerónimo por el obispo liberal Chávez de la Rosa, y más tarde atrincherada en la Academia Lauretana, vivero de talentos y crisol intelectual del sur del país.

GOBIERNO Y PUEBLO
El primer número de la Primavera de Arequipa no tuvo tiempo de explicar sus propósitos. Le bastó con decir lo que significaban el triunfo de Quínua y los tiempos nuevos. Pero la semana siguiente sí declaró lo que entendía por misión del periodismo, en ese amanecer de la nación. Sus conceptos no han perdido actualidad.

"En una república naciente -sostuvo, en sus primeras líneas- se deben uniformar los sentimientos del gobierno con los del pueblo: componen un todo, como que aquel es hechura de éste, sale de su seno y obra para él".

La Primavera asignaba al periodismo una responsabilidad democrática. Todos -dice- deben velar por el cumplimiento más severo de las leyes, prepararse para la función pública y estar inflamados del fuego de la libertad, el espíritu público y el amor a la patria. El bien de unos es el de todos, y el de todos, el de cada cual.

La misión de este periódico "político-literario" era, en consecuencia, ilustrar a la nación, formar opinión y familiarizar al público con los principios de la política, de tal suerte -dice- que fuese posible su participación en las deliberaciones de los gobiernos.

SOLIDARIDAD NACIONAL
Gracias a ese espíritu público –anota- una nación logra ser libre, fuerte y feliz en su interior. En el Perú, el egoísmo presidíó las decisiones. De él nació la discordia, que alimentó 15 años de guerras intestinas; de él vivió el despotismo, porque sus colaboradores subalternos hacían fortuna sobre las ruinas de sus semejantes, y no había patria.

La patria tiene para la Primavera un sentido no sólo idealista, sino real y concreto. El ciudadano -dice- se aferrará más a un suelo que lo alimenta, a un gobierno que lo custodia y a una sociedad que lo ilustra. La cultura de Europa y los Estados Unidos -señala- no se debe sino a la prensa. Los periódicos  han  formado el  espíritu público de cada nación. Y yo espero reconocerlo -agrega, en primera persona, el editor- cuando vea a los ciudadanos volar a la plaza, al Senado, al Gobierno y al Congreso, a tratar los negocios del Estado; cuando vea agitados los colegios electorales por la pasión de la libertad y la justicia; y se encumbre a hombres de mérito y sin intrigas ni ambición.

"Cuando se saque un artesano honrado del taller al Congreso -escribe-; cuando la defensa de un oprimido interese al común; cuando se prefiera el bien de la patria a todo bien, entonces la nación tiene su carácter propio, se desenvuelve el genio peruano y prepara grandes acontecimientos".

Lejos de reducir la democracia a sus elementos formales, ese periodismo la identificaba con sustanciales aspectos de la justicia y la solidaridad social, sin olvidar que ella es requisito de la propia construcción de la nación misma.

INFORMAR Y EDUCAR
La preocupación cívica de esa docencia periodística cede espacio, en los números siguientes, a la actualidad informativa, cargada del mismo espíritu democrático, en los decretos, de Bolívar y Sánchez Carrión: convocatoria al Congreso, Junta de Calificación de los aspirantes a empleos públicos, autónoma administración de justicia, honores a los vencedores de Ayacucho, y demás, el americanismo campea.

Lo local pasa a segundo plano. Apenas si figura la nómina del municipio republicano, recién elegido.

Por momentos, La Primavera quiere ser divulgativa, utiliza el lenguaje de la calle e intenta la travesura criolla, en el Diálogo entre la, señorita Cosquillas y el ciudadano Reposo. Pero estamos todavía muy lejos de la gracia de un Segura o un Pardo y Aliaga.

ANDRÉS NEGRÓN
El fundador del periodismo arequipeño prefirió el anonimato a la figuración. Dé ahí que se haya debatido acerca de su identidad. Parece haber sido el capitán del Ejército Unido Libertador Andrés Negrón, hombre de armas y letras, cultor del verso y ducho en asuntos de imprenta; como que durante la campaña final había editado la publicación del Ejército Unido, El Centinela en Campaña, periódico del Ministro General Sánchez Carrión, que apareció en Santiago de Chuco, Huamachuco, Caraz, Huaraz y tal vez otras ciudades, al paso del ejército.

Negrón había estado antes en Arequipa, con Sucre, cuando éste ocupó brevemente la ciudad, en 1823. Gozaba de su entera confianza. No es imposible que hubiese llegado a la ciudad llevando el anuncio del triunfo de Ayacucho, con José Joaquín Vigil, y que entonces, con vivo sentido periodístico, entendiese que lo más eficaz por hacer, para identificar a Arequipa con líos libertadores, era la publicación de un periódico. La historia le dio la razón. Y también la generación que continuó su obra.

Cuando se instaló en la ciudad el primer prefecto -el general Francisco de Paula Otero, edecán de Sucre en Ayacucho-, comprendió que el periódico debía abrirse a los escritores locales. Su secretario, José María Corbacho, que había sido íntimo amigo de Melgar, los conocía muy bien. Entonces, Otero encomendó a la Academia Lauretana "la educación moral, científica y política del departamento", por vía de la prensa. La semilla de Negrón cayó en suelo fértil. El capitán, cumplida su misión, probablemente se reincorporó a filas.

NOTAS:
(*) Revista "Cobre". Publicación de Southern Perú. Julio de 1986. Páginas: 13, 14, 15 y 16.
(1) La denominación "el primer semanario de Arequipa" sería la más apropiada (por la frecuencia de las publicaciones) en vez de "el primer periódico de Arequipa" o "el primer diario de Arequipa".
(2) "Primavera de Arequipa o Mañanas de su Independencia" está disponible para su descarga en:
https://drive.google.com/file/d/0B7XQl0tvOIscZHJlWG5ZbDdnM0k/view?usp=sharing

5 comentarios:

cherry1908 dijo...

Un exelente articulo, como siempre profesor. Es la primera vez que me topo con su blog en la red, asi que antes que nada, felicitaciones, un muy buen contenido con su toque personal, el cual en el colegio nos hizo comprender un poco mejor la historia, tanto a mis compañeros como a mi.
Habiendo quedado enormemente agradecida con usted, me despido.
Atte.:
Lucia I. Calderon Rodriguez

Miguel Gallegos Velarde dijo...

Gracias Lucía por tu inesperado y gentil comentario que me halaga.

Luis Figueroa dijo...

Muy interesante sus artículos profesor. Siempre estoy pendiente de sus publicaciones.

Miguel Gallegos Velarde dijo...

Gracias Luchito (aunque este artículo no es mío [está señalada la fuente]). Saludos.

Luis Figueroa dijo...

Igualmente espero que la este pasando bien, le invito a que de una pasada por nuestro blog (lo hicimos yo y unos amigos de mi clase) http://www.spityourideas.com/.
Cuidese.