Reflexiones sobre la crítica constructiva

13 set. 2010
Por Miguel Gallegos Velarde

"Una palabra suave puede golpear rudamente".
Washinton Irvin

La palabra "crítica" proviene etimológicamente del griego “kritikós” que significa “capaz de discernir”(1), para analizarlo con un determinado criterio y luego emitir un juicio (2). Según el Diccionario de la Real Academia Española, es el “examen y juicio acerca de alguien o algo y, en particular, el que se expresa públicamente sobre un espectáculo, un libro, una obra artística, etc.”(3).

Cuando se critica, puede ocurrir dos cosas: adular increíblemente a alguien o hacerle pasar un mal rato (que es lo más habitual). En el primer caso, nuestros amigos tienen la tendencia de halagarle mentalmente porque hay una cultura solidaria implícita de no señalar los defectos de las personas que apreciamos limitándose a exagerar sus virtudes, y a veces (y lo que es más patético), reconocerle virtudes que el amigo no tiene, es decir, mentir.

Sin embargo, en el segundo caso, suele suceder todo lo contrario. Un enemigo o una persona extraña emite improperios y ofende despiadadamente al cuestionado (aunque a veces, debemos reconocer que nos resulte divertido cuando el afectado no es de nuestro agrado [como algún político por ejemplo]). Por ello, debería ser una obligación moral, en la persona que crítica, cultivar las virtudes de la templanza y la sensatez para reservar algún comentario excesivo, y asumir la responsabilidad de manifestarla. Por lo tanto, no debería haber esta clasificación ingenua de crítica “constructiva” o “destructiva”.

Pero, la crítica no debe centrarse sólo en los defectos (que es lo que la mayoría hace); sino también, en resaltar las virtudes sin ninguna mezquindad de por medio. Se critica al hecho, no a la persona. La crítica debería usarse como medio de corrección y no de venganza (aunque a veces sea apetecible y pueda parecernos propicia) para no herir susceptibilidades o generar rencores innecesariamente, y, más bien, para corregir el comportamiento inadecuado. Para criticar, no deben faltar palabras o actitud para decir algo que se debe decir (y que nadie lo dice). La altura o bajura de nuestros comentarios deben corresponder a un buen juicio.

Por supuesto que a algunas personas les agrada hacer sentir mal a los demás. Son especialistas en ello. Desde la simple broma hasta la compleja  "indirecta". Y de estas bajezas se ufanan y enorgullecen. Por ello, debemos reconocer que en el ejercicio de la crítica es imprescindible saber filtrar los comentarios calumniantes, falsos o insultantes (famosos comentarios de “mala leche”) por una simple cuestión de “higiene mental”. A veces (o muchas veces) hay que ignorarlos enteramente, y no incomodarse por la infamia o exabrupto de un ser intelectual o moralmente insignificante. Por ello, no debería preocuparse en razonar aquellas críticas; sino, en olvidar completa y rápidamente las destemplanzas de esos rebuznos.

Para finalizar, público culto y sensible, debo aclarar que este comentario probablemente no sea el más acertado; pero, creo que es, en todo caso, un buen punto de partida para analizar esta palabra tabú y desprestigiada, como es la "crítica" que suele ser acompañada de la palabra "constructiva" como un eufemismo para suavizar su torcido significado.

NOTAS:
1. http://etimologia.wordpress.com/2007/09/04/critica/
2. http://etimologias.dechile.net/?crisis
3. http://buscon.rae.es/draeI/SrvltGUIBusUsual?LEMA=crítica

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